miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ayudar o no ayudar...he ahí el dilema...

Durante nuestro camino, en la vida nos encontramos con muchos tipos de personas: algunos amables, otros groseros, unos amistosos, otros no tanto... por cada buen sentimiento, emoción o personalidad, nos topamos con su contrapartida lo cual enriquece nuestra experiencia en esta larga jornada que atravesamos llamada vida.

Y es ahí cuando encontramos las personas que quieren ser ayudadas y las que no.

La situación se vuelve más compleja cuando la persona que no acepta ayuda es un ser querido o muy allegado: intentamos infructuosamente de brindarle ayuda y nos sentimos mal cuando es rechazada o terminamos culpándonos si no logramos que sea aceptada.

Cada persona debe recorrer su propio camino, aprender de sus propias experiencias.  ¡Nadie sabrá cuánto duele un machucón en un dedo con un martillo si en algún momento no lo experimenta en carne propia aunque se le diga de la manera más gráfica cuán doloroso es!

Si sientes que has hecho todo lo que está a tu alcance para tratar de ayudar a alguien a salir del foso de sus propia negatividad, no podrás hacer nada hasta que esa persona lo decida y corres el riesgo de terminar hundiéndote también.

¡No lo abandones! Vigílalo desde la orilla, arrójale un salvavidas y sobre todo ten lista tu mano para extenderla en el momento que haya culminado su proceso de aprendizaje y decida salir.

Es el mejor acto de humanidad y amor por otro ser que puedes hacer.

Foto referencial.  Cpyright a su creador